Música, Arte e Infancia

Tres equívocos sobre los niños.Autoridad en una relación entre semejantes

Hay tres equívocos al trabajar con niños, que son muy graciosos cuando se los supera. 

1) Si es bueno no hace falta estrategia, o no tanto. Dado que los niños son la esperanza de la humanidad y la infancia una etapa que recordamos con nostalgia, acercarles cosas ideales de lo que queremos de ellos o para ellos… ya está. Bueno + bueno = requetebueno, no necesita estrategia.

Otro equívoco (Por equivoco yo me refiero a que son ideas que están en las bases de cómo nos dirigimos o actuamos): 

2) Son pequeños, hace poco que nacieron, están empezando; entonces son una página en blanco, un espacio por llenar, un tiempo desocupado y que hay que ocupar. Lo digo en el sentido físico, es decir un lugar que está vacío y hay que “llenar con”.

Y el tercer equívoco o idea básica:

3) Sus deseos son caprichosos. Que es parecido a afirmar que carecen de sentido.

Todo mi trabajo lo baso en pensar que no es así. Los chicos son observadores muy atentos. Ya cuando nacen lo único que pueden hacer es atender. Constantemente ven cosas, a las que tienen que decodificar de manera permanente. De eso depende, para ellos, mientras lo sienten, la vida.

Son observadores muy atentos. Están llenos de experiencias muy intensas que los toman por completo. Están lejos de ser una página en blanco.

Están convencidos de la plenitud de su experiencia, como cualquier otra persona en otro momento de la vida.

Imagínense que ustedes tienen una prima que visitó la India, les dice: “Ay, no sabés lo que te perdés”. Pero hasta que la prima les dice eso ustedes estaban convencidos de la plenitud de su vida. Como con el primer novio o la primera novia.

Los chicos están convencidos de la plenitud de su experiencia. A los meses, al año, a los dos años, a los tres años…

Constantemente viven experiencias que escapan a su gobierno. Primero el cuerpo, después personas y objetos que vienen y van. O cómo consiguen lo que quieren.

Así intentan dominar, con la mayor eficacia posible, el cuerpo el equilibrio, la palabra, abrir la heladera, buscar algo, y así progresando.

Esas dos situaciones: experimentar todo el tiempo situaciones que escapan a nuestro control y a la vez intentar tener cierta organización en el mundo es agotador.

Es estar sometido a una permanente tensión entre lo abrumador de la experiencia abierta, de ser nuevo, y la frustración de no tener control.

Cualquiera que haya vivido en otro país, con otro idioma, o haya convivido con alguien de otra lengua conoce muy bien la sensación de alivio cuando regresamos a nuestra propia lengua. Recuerden esa esa experiencia: están de viaje en un país con otro idioma, o hay personas hablando otro idioma de manera sostenida cerca de ustedes hasta que, encienden la televisión en el hotel, un canal que les resulta conocido y sienten: “¡Ah! ¡Qué alivio!”

A los chicos les pasa lo mismo. Ese alivio revela la tensión en la que estábamos.

Un amigo mexicano, que se fue a vivir a Canadá, me contaba que volvía agotado a la casa solamente de conducir. Eran demasiadas las reglas nuevas que tenía que acordarse, manejaba con la sensación de que olvidaba alguna aunque no se acordara exactamente cuál. Sentir “estoy en infracción aunque no recuerde por qué” lo agotaba. 

Algo similar les pasa a los chicos. 

Cuando ustedes se tienen que manejar en una ciudad que no tienen bien mapeada, es más agotador.

Este estar constantemente lleno de experiencias muy plenas, muy intensas, y a la vez en esta tensión de aprendizaje, son experiencias que debemos desplazar o reorientar cada vez que nos acercamos a un chico a proponerle algo.

Eso requiere de buena estrategia y ser convincentes, de seducir en el sentido de convencer de lo que llevamos.

 

Lo que acerquemos tiene que producir alivio, ya sea por la risa o por la eficacia, porque ayuda en ese cúmulo de reglas y experiencias nuevas. No ayuda si aparta del mundo y hay que aprender una norma no operativa; pero sí si es una regla que te ordena un pedazo de mundo o te ayuda a manejarte. Cada vez que nos ordenan una porción de mundo, sentimos alivio.

 

Es parecido a ver una buena narración, una telenovela, o escuchar una buena historia. Cada vez que vemos la trama de una vida con cierta distancia experimentamos el alivio de la comprensión, de lo abarcable. La vida es tremendamente compleja, pero si tomamos cierta distancia y la vemos ordenada en una narración, sentimos gran alivio. Son un cúmulo de experiencias humanas que se ordenan.

FUENTE https://www.unninounavoz.com/articulos/tres-equivocos-sobre-los-ninos/ 

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